A principios de la década de 1940, mientras
el hambre y el miedo acababan con los judíos en el gueto de Varsovia -el mayor
establecido por la Alemania nazi durante el Holocausto-, no pocas familias se
dedicaban a estudiar la geografía de países latinoamericanos tan distantes como
Paraguay o Bolivia. El motivo: gracias a una red clandestina de diplomáticos,
en la que también participó la Iglesia Católica, muchos esperaban huir de la
muerte a través de una operación de falsificación de pasaportes
latinoamericanos puesta en marcha en Berna, Suiza.
Temiendo siempre que sus guardianes
alemanes les interrogaran sobre sus supuestos países de origen, muchos judíos
intentaron recabar información sobre la lengua de Paraguay, su capital y
cualquier otro dato que pudiera convencer a los nazis de que realmente eran
latinos. La insólita historia está recogida en documentos encontrados en los
archivos de la diplomacia suiza y en colecciones privadas. Hablan de una red
clandestina que suministraba pasaportes de Paraguay, Honduras, Bolivia y El
Salvador a los judíos durante el Holocausto.
Según las reglas establecidas por los
propios alemanes, los judíos con pasaportes de países neutrales podían evitar
los campos
A principios del pasado agosto, el Gobierno
polaco anunció que, después de meses de negociaciones, una parte de esos
documentos que atesoraba un coleccionista privado de Israel se entregarán al
Museo Auschwitz-Birkenau, incluyendo fotos y ejemplares de ocho pasaportes
falsificados.
En 1942, más de 340.000 judíos vivían
todavía en el gueto de Varsovia. El régimen nazi estaba a punto de iniciar una
masacre de proporciones inéditas y sólo esperaba a que llegase el verano para
poner en marcha una máquina de aniquilacion sin precedentes en la história. No
obstante, según las reglas establecidas por los propios alemanes, los judíos
con pasaportes de países neutrales podían evitar los campos de exterminio.
Alemania tenía un motivo: serían utilizados en un eventual intercambio de
prisioneros para que alemanes detenidos en el exterior pudieran regresar a
Berlín.
Fue un diplomático polaco destacado en
Berna durante la Segunda Guerra Mundial quien inició la operación de
falsificación de pasaportes para sacar a miles de judíos de Varsovia. Su nombre
era Aleksander Ładoś, y junto a asistentes como Juliusz Kühl, el cónsul
Konstanty Rokicki y otros infiltrados, inició la operación que se bautizaría
como «Servicios de Pasaporte». La idea surgió después del éxito del
‘caso Eli Sturnbuch’, un polaco judío que vivía Suiza y que falsificó un
pasaporte paraguayo para conseguir sacar del gueto de Varsovia a su novia, Guta
Eisenzweig.
De acuerdo con los documentos, la operación
comenzó en octubre de 1941 e involucró al suizo Rudolf Hugli, cónsul honorario
de Paraguay en Berna por aquel entonces. A cambio de sumas de dinero que
aportaba la propia embajada de Polonia, Hugli garantizaba lotes de pasaportes
paraguayos falsos, que después eran enviados hasta el gueto. Hasta 1.050 judíos
pudieron salvarse gracias a la red clandestina, según cálculos del diario ‘Haaretz’.
A partir de 1942 se elaboró en Suiza una
lista de personas que debían ser ‘rescatadas’. En ella había profesores,
rabinos, estudiantes, empresarios acaudalados… personas que, una ver
terminada la guerra, pudiesen restablecer la influencia de los judíos en la
región. Uno de los afortunados fue Aharon Rokeach, rabino de la dinastía Belz
Hasidic. Sólo logró escapar de los nazis gracias a uno de los pasaportes
fabricados por la red clandestina de polacos en Berna. Para que pudiera recibir
el documento, la Santa Sede garantizó la entrega.
Poco a poco, otros países latinoamericanos
que se habían declarado neutrales en la guerra fueron integrándose en la red y
se estableció una lista de precios. Para un pasaporte paraguayo, el interesado
debía pagar 1.200 francos suizos, una fortuna en una época en la que el salario
diario no llegaba a 20 francos.
La noticia de que en Berna se estaba
desarrollando esta operación llegó rápidamente hasta Varsovia. Mediante
sobornos a los soldados alemanes, los judíos que intentaban escapar lograban
mandar a Suiza cartas con fotos y sus datos personales. Una vez listos, los
documentos eran enviados de nuevo al gueto. No eran sólo pasaportes que les
otorgaban una nueva nacionalidad, eran una garantía de supervivencia: los
judíos con estas credenciales terminaban en prisiones y campos de trabajo pero
no en campos de concentración destinados al exterminio.
De acuerdo con los archivos, se compraron
más de 2.200 pasaportes paraguayos, además de cientos de otros países
latinoamericanos. Algunos documentos mencionan que la red clandestina hizo
circular más de 4.000 pasaportes.
La red es descubierta
Después de dos años de operaciones, la red
de falsificación de pasaportes acabó siendo descubierta. Los suizos, neutrales
en la guerra y que temían irritar a Adolf Hitler, empezaron a investigar a
principios de 1943. Las sospechas también se extendieron entre los alemanes por
el elevado número de «latinoamericanos» que aparecían en los campos
de Vittel, en Vichy, Francia. A aquella región enviaba la Alemania nazi a los
judíos supuestamente extranjeros, con la esperanza de intercambiarlos por
alemanes detenidos en los Estados Unidos, Canadá u otros países occidentales.
Sospechando que había un fraude, Berlín consultó a los gobiernos
latinoamericanos sobre la existencia de estos pasaportes, un asunto del que no
tenían constancia en Asunción y otras capitales.
En la segunda mitad de 1943, los suizos
desmantelaron el sistema. Uno de los documentos del archivo suizo, del 6 de
septiembre de 1943, revela cómo el jefe de la división policial del
Departamento de Justicia de Suiza, Heinrich Rothmund, convoca a los implicados
en los interrogatorios en Berna. «Incluso si es comprensible que los
judíos hagan todo para evitar la muerte, Suiza no puede tolerar actividades
ilegales en su territorio», escribió el jefe de la policía. Menos de diez
días después, los diplomáticos fueron castigados con la retirada de su estatus
de representantes.
Mediante sobornos a los soldados alemanes,
los judíos lograban mandar a Suiza cartas con fotos y datos personales. Una vez
listos, los documentos volvían al gueto
En un telegrama del 29 de septiembre de
1943, el Departamento Político del Ministerio de Relaciones Exteriores de Suiza
es aún más explícito sobre cómo el gobierno evaluaba la situación. «El 14
de septiembre de 1943, el Consejo Federal suizo declaró caduca la autorización
dada el 16 de marzo de 1931 al señor Rodolphe Hugli en calidad de cónsul honorario
de Paraguay», escribió. Esto ocurrió después de que las investigaciones
revelaran «numerosas falsificaciones de pasaportes hechas por Hugli a
favor de judíos extranjeros».
El documento acusa a los diplomáticos de
cometer «actos oficiales ilícitos sobre el territorio de la Confederación,
una participación en la falsificación de pasaportes no puede de ninguna manera
ser considerada como parte de atribuciones normales de una legación (…) En
consideración de la gravedad excepcional de tal caso, las sanciones son
necesarias», apuntó.
En otro documento de los archivos
diplomáticos, Lados intentó justificar sus acciones a los representantes
suizos. El 13 de octubre de 1943, el polaco estuvo con el jefe del Departamento
Político, Pilet-Golaz, en Berna. Su argumento era que el asunto no se refería a
los suizos. Pero sí a los gobiernos de Paraguay y de Polonia.
«Directamente, no estábamos interesados. Él tenía razón «, escribió
el diplomático suizo. «Pero, indirectamente, sí, ya que constatamos que
agentes diplomáticos y consulares ejercían una actividad que no estaba conforme
a sus competencias y deberes», apuntó. «En el instante en que supimos
(del esquema), pusimos fin al mismo», insistió.
Lados intentó incluso cuestionar el uso de
la palabra «falsificación». «Él observó que no se trataba de la
falsificación de pasaportes, ya que los documentos estaban completos»,
escribió Pilet-Golaz, sobre su interlocutor. «Yo le respondí que, en (la
lengua) francesa, es verdad (lo que él decía)», dijo. «Falsificamos
algo preestablecido», apuntó. «Pero, de hecho, no deja de ser cierto
que esos pasaportes eran irregulares y no correspondían a los mismos elementos
que normalmente se justificaban para su realización», ponderó. Durante la
reunión, Lados llamó «antisemita» al jefe de la división de policía
del Departamento de Justicia de Suiza, Heinrich Rothmund, que había liderado la
operación de desguace de la red de pasaportes.
La represión contra la falsificación de
documentos que emprendieron alemanes, suizos y latinoamericanos acabó
provocando que muchos fueran enviados a Auschwitz. Algunos de los funcionarios
del consulado se vieron obligados a abandonar Suiza.
De acuerdo con el Gobierno polaco, lo que
se sabe hoy es que 330 personas lograron escapar del gueto gracias a los
pasaportes falsos. Otros 387 que ya habían recibido el documento fueron
enviados a los campos de exterminio. Pero existen dudas sobre otros 430 judíos
que desaparecieron y que habían sido beneficiados por el sistema. En Berna,
archivistas cuentan todavía que el gesto de los diplomáticos no fue en absoluto
despreciable. Lo que hicieron no estaría lejos del resultado de las operaciones
de Oskar Schindler, que habría protegido a unos 1.000 judíos.
La red clandestina que salvó a casi mil judíos con falsos pasaportes latinoamericanos
12/Sep/2018
El Confidencial, España – por Jamil Chade